jueves, 21 de enero de 2016

LA PESADILLA DE TENER CARRO




En Colombia los automovilistas son vistos por las autoridades como vacas lecheras y cajeros automáticos. 

Si los gobiernos quisieran realmente reducir el número de automóviles que circulan por nuestras vías, limitarían el ensamble y la importación de vehículos, pero eso no va a pasar porque los dueños del negocio son un gremio fuerte que no se va a dejar sacar a las buenas y porque se necesitan muchos carros que circulen, compren lubricantes, combustibles, repuestos y paguen multas, peajes de carretera y ahora urbanos, revisiones técnico-mecánicas y de gases, soat, seguros, impuestos, parqueaderos y todas las demás arandelas inventadas y por inventar. 

La reducción de impuestos proporcional al tiempo que se prohiba utilizar los vehículos es un mecanismo necesario para lograr que los políticos, secretarios de tránsito, de movilidad y los grupos antiautomóvil piensen y presenten opciones distintas a la cacería declarada y las restricciones como el “pico y placa”, medida de utilidad efímera, que desemboca, como se anunció hace años y se confirma todos los días, en un aumento desproporcionado de carros y motos y con ellos de trancones, contaminación, ruido y accidentalidad.

 Foto de elnorte.com
 Hasta hace poco tener un carro era el sueño dorado de muchas familias colombianas, sueño que se ha convertido en pesadilla por cuenta de las múltiples trabas, cobros y obstáculos que buscan limitar su utilización –desestimular el uso del vehículo particular, lo llaman eufemísticamente- pero no su tenencia, es decir, usted puede tener todos los carros que quiera o pueda, pero no usarlos cuando quiera o necesite, una contradicción que encuentra su explicación en la cantidad de empleos directos e indirectos que genera el sector, dato importante para las estadísticas oficiales,  y, desde luego, en la capacidad de presión y de lobby que tienen los importadores y ensambladores nacionales e internacionales que operan en el país. 

Todos los gobiernos, nacionales, departamentales y municipales tienen en los automovilistas una fuente de ingresos fácil y asegurada. El municipio de Bucaramanga, por ejemplo, creó desde el 2012 un “impuesto al porte de placas”, diferente de los impuestos departamentales, que sirvió para que la Dirección de Tránsito bumanguesa emitiera una “orden de captura” contra 25 mil vehículos, en diciembre del 2015, un número inusitadamente alto de morosos, lo cual significa que la información al respecto fue confusa o deficiente. Obviamente si el vehículo es capturado, ya van 200, “el propietario deberá asumir además otros gastos como los valores de la grúa y del parqueadero, lo que incrementará la multa a pagar”, dicen los encargados de la sección de Ejecuciones Fiscales, que supieron dónde y a quienes notificar sobre la cacería pero guardaron silencio durante varios años, hasta que el marrano estuvo a punto. Un jugoso aguinaldo para la Dirección de Tránsito Bumanguesa, sin duda.

La sobretasa que pagamos desde hace años, 25% para la gasolina y 6% para el diésel en Bogotá, se justificó diciendo que se invertiría en el mantenimiento de la malla vial. Los huecos y hundimientos que se encuentran por todo lado son un recordatorio de que se cobra mucho y se hace poco en beneficio de los automovilistas.
  
Para las autoridades siempre ha sido más fácil resolver los problemas de movilidad que padecen nuestras ciudades apelando al cómodo y facilista expediente de prohibir, restringir, perseguir y encarecer el uso de los automóviles, sin proponer  alternativas diferentes y creativas, como si la idea fuese crear tres problemas para cada solución y no al revés. La modificación de los horarios de colegios, de industrias y de oficinas podría reducir la congestión de las horas pico. Incentivar el teletrabajo y el teleestudio haría que menos gente tuviera que desplazarse; sincronizar correctamente los semáforos y reparar la malla vial agilizaría el tráfico; construir pasos deprimidos o elevados en las intersecciones principales reduciría los trancones, pero esos son asuntos costosos y exóticos, para los que la imaginación no les alcanza. Es más fácil y productivo “desestimular” inventando más cobros y encareciendo todo.     

Tenemos una amplia colección de medidas muy bien presentadas y adornadas, barnizadas de verde brillante, justificadas y necesarias claro, como la preservación del medio ambiente, la mejoría de la movilidad, la garantía de que los vehículos que circulan están en buenas condiciones mecánicas, la recuperación de la malla vial y muchas otras que harían interminable la lista, pero que a la postre resultan ser meras banderas que se agitan para justificar buenos negocios. No existe una sola medida relacionada con la tenencia y uso de automóviles que no resulte en una abultada ganancia para alguien.

Foto de movilidadbogota.gov.co
Antes del desplome de los precios del petróleo, el precio de la gasolina no se podía bajar “para proteger al usuario de las subidas de precio abruptas”. Ahora no se puede bajar, por lo menos en cantidades significativas, porque, debido al fenómeno del niño y otros factores como la millonaria multa que les impuso la SIC por la realización de prácticas comerciales deshonestas, los industriales cañeros están teniendo muchas dificultades para producir el etanol que por ley se le mezcla a las gasolinas colombianas. 

Ese combustible, el “bioetanol”, produce lodos en los motores, mayores temperaturas de funcionamiento, produce 30% menos de energía que la gasolina, lo cual incrementa el consumo, es corrosivo debido a sus propiedades higroscópicas, es más costoso de producir que la gasolina y no es tan benéfico ambientalmente como afirman: al agregarle oxígeno a la mezcla, que es para lo que se usa, disminuyen de manera importante las emisiones de monóxido de carbono y de hidrocarburos no quemados, lo cual es muy bueno, pero los compuestos orgánicos volátiles, COVs, que se producen como consecuencia del aumento de la presión de vapor, reaccionan químicamente con la radiación solar incrementando significativamente la concentración de ozono troposférico, un potente oxidante asociado a enfermedades respiratorias agudas, aumentan en cantidades importantes los óxidos de nitrógeno, NOx, que tienen un potencial de efecto invernadero 300 veces (sí, 300) mayor que el bióxido de carbono y produce acetaldehído, un reconocido agente cancerígeno, lo cual es muy malo, mucho más si no se informa adecuadamente sobre esos efectos negativos ya suficientemente estudiados del etanol. La denominación de “biocombustible”, “biogasolina” y “biodiesel” sería apenas una ironía de no ser por los efectos indeseables que traen consigo. Esos combustibles no son tan ecológicos ni tan eficientes como nos los pintan, pero sí un estupendo negocio del que todos somos clientes obligados.

Para producirlos se requieren extensos cultivos de caña de azúcar, principalmente, que consumen grandes cantidades de agua: se calcula que para producir un galón de etanol se invierten 800 de agua, que en tiempos de escasez como el actual son demasiados; necesitan grandes cantidades de fertilizantes y plaguicidas que terminan contaminando las aguas subterráneas, los ríos y el mar, finalmente, con toda su secuela de devastación, enfermedades y escasez de peces. Producirlos requiere una inversión de energía mayor que la que retorna, por lo que su verdadera utilidad hay que buscarla en otro lado.

El de la palma africana, cuyo aceite se mezcla al diésel, es un caso más grave aún: hay serias acusaciones contra los cultivadores de palma por despojo de tierras y desplazamiento de campesinos en varios lugares del país, como en Curvaradó y Jiguamiandó, pueblos chocoanos que fueron escenarios de brutales embestidas paramilitares para apoderarse de las tierras que necesitaban para sus cultivos, crímenes ya suficientemente demostrados por la justicia. Son varios los fallos que han ordenado la devolución de estas tierras a sus legítimos dueños, que no se han cumplido. Los palmeros siguen allí mientras 23 comunidades rurales esperan la restitución de sus tierras.  

El precio de la revisión técnico-mecánica, una medida bien intencionada que pretende garantizar el buen estado mecánico de los carros que transitan por el país, cosa que no siempre logran a juzgar por el elevado número de accidentes atribuidos a “fallas mecánicas”, subió a partir de enero del 2016: además del pago por las tarifas de revisión y del RUNT, la Superintendencia de Transporte prepara un nuevocobro, esta vez por el Sistema de Control y Vigilancia, SICOV, para los 366 Centros de Diagnóstico Automotor CDAs, que hay en el país, negocio que le costará a los contribuyentes automovilistas 200 mil millones de pesos al año.  
Las multas automáticas son un atraco que se debe desmontar ya. No es posible que quienes tengan un vehículo inmovilizado, bien sea por orden judicial, por daños mecánicos, por falta de dinero para ponerlo a funcionar o por cualquiera otra razón, sea multado “automáticamente”. La sanción debe ser para quienes circulen sin cumplir ese requisito, de otra forma es como meterle la mano al bolsillo al contribuyente inerme e indefenso frente a la voracidad de quienes solo ven en los automovilistas la “money pulpita y un cajero automático”, según nos lo informó recientemente un alto mando de la policía, ya destituido con gran alharaca, como si fuera el único que actúa de esa manera. 

Ese oficial, el destituido Comandante de Tránsito de Cundinamarca, coronel Otaín Rodríguez, asegura, con mucha razón, que la Dirección de Tránsito y Transporte es un negocio tan bueno que están “trabajando calladitos” para quedarse con el en todo el país, sacando a los azules.
Los puestos de control de emisiones que montan todos los días son solo la confirmación de que la famosa revisión técnico-mecánica no funciona como debiera, que el dinero que cobran por revisar un automóvil es, muchas veces, un despilfarro. Todos sabemos que el mayor porcentaje de partículas contaminantes es producido por el transporte público que utiliza diésel, no por los automóviles, sin embargo son estos el objetivo de los tales puestos. O sobra la revisión o sobran los puestos de control. Y le falta a los automovilistas conciencia sobre la necesidad de mantener sincronizados y en buen estado los vehículos.

                                                               Foto de oscarhumbertogomez.com
Colombia debe ser el único y feliz país del mundo en el que los carros se valorizan con el paso de los años. El Ministerio de Transporte aumentó de 3000 a 8357 referencias, lo cual permite “establecer con mayor precisión la base gravable real”, es decir, acaban de inventarse un modo de cobrarle más por poseer el mismo automóvil. Todo legal, desde luego.

Los parqueaderos son otro asalto al bolsillo de los infelices poseedores de un automóvil,        legalizado mediante decreto firmado hace años por el entonces alcalde de Bogotá, para quien ni siquiera la orden perentoria que dió el Tribunal Administrativo ha sido suficiente para que habilite las bahías de parqueo, cerradas de un plumazo pero que para su reapertura requieren de un larguísimo proceso de inventario, pintura, retiro de señales de prohibido parquear, determinación del tipo de cerramiento, demarcación de espacios de parqueo, identificación de cupos para personas con discapacidad, instalación de las señales que autorizan el estacionamiento y otras maravillas de la planeación, lo cual le garantiza a los señores de los parqueaderos unos cuantos años más de abusos y de jugosas utilidades. 

Los patios y las grúas son una verdadera aberración. En su prisa por llevarse los carros los enganchan de cualquier manera, lo cual les ocasiona costosos daños por los que nadie responde. Es frecuente verlos detenerse una o dos cuadras más adelante a asegurar los carros mal enganchados, muchas veces sin la presencia de los agentes de tránsito que ordena la ley. La única opción que le queda al automovilista es el uso de los parqueaderos o no llevar carro a lugares donde no pueda parquear. Es un asunto de disciplina y de no dar papaya.

El cupo de la grúa consiste, generalmente, en un vehículo que llevan en la plataforma, otro que va colgado y una moto. Sobra decir que a cada uno le cobran como si su vehículo fuera el único transportado. Negocio redondo en el que participan agentes de tránsito, una tripulación que opera en segundos, como si se estuvieran robando el carro, y los dueños de las grúas, que son los mismos operadores de los patios. La estructura de las grúas debe ser revisada ya que son una trampa mortal en caso de choque por detrás debido a que la plataforma actúa como guillotina.

A pesar de haber sido ordenado hace años, el aumento de los límites de velocidad es un capricho de cada alcalde, por lo que es común ver a los agentes, tanto de la policía de carreteras en todo el país como los de tránsito en Bogotá, escondidos, cazando radar en mano a cuanto automovilista les dé la oportunidad. Money pulpita. Una verdadera fábrica de comparendos en la que las autoridades aportan la mano de obra los conos y los radares, y los automovilistas el capital, pero sin recibir ninguna utilidad. Lo de la doble línea amarilla y la imposibilidad de adelantar en los únicos sitios donde es prudente hacerlo bien podría hacer parte de una antología del absurdo. 

Tienen toda la razón en cuanto a que un modelo de transporte basado en el automóvil particular es ineficiente y costoso en términos de externalidades; es necesario aprender a utilizar los carros de manera racional y limitar su utilización, pero no se debe convertir al automovilista en un cuasi delincuente a quien se debe exprimir y perseguir por el solo hecho de serlo.  El desestimulo al uso del carro particular debe darse solo después de ofrecerle al ciudadano un sistema de transporte público digno, eficiente y a un precio razonable, no antes.

Es necesario pensar en soluciones, no en crear más problemas o en engrosar las arcas públicas –y algunas particulares- abusando de su investidura como autoridades de tránsito.

Esta no es una defensa del automovilista imprudente e irresponsable, que conduce después de beber, que parquea mal o es intolerante, que no mantiene su vehículo en óptimo estado mecánico, sino una radiografía de las calamidades a que se expone quien posee y utiliza su vehículo para trabajar, por seguridad o comodidad y que paga cumplidamente los costosos impuestos a cambio de casi nada y que no es rico por tener un carro que paga a cuotas y con mucho esfuerzo. 

No olviden que son muchas las familias que viven del trabajo que generan los automovilistas: mecánicos, estaciones de servicio, electricistas, vendedores de repuestos, lavadores, cuidadores, etc.
    
Fernando Márquez



viernes, 13 de noviembre de 2015

Medellin quiere la plata del metro de Bogotá para segundo tranvia

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La construcción del metro fue una de las promesas de campaña del señor Peñalosa y tiene que cumplirla. Los bogotanos debemos hacer lo necesario, dentro de la ley, para que respete sus compromisos de campaña, que no pueden convertirse en simples trampas cazabobos. Los acuerdos que haya hecho con sus mentores y patrocinadores no pueden ser excusa para que estafe a quienes votaron por él y se burle de las necesidades de la ciudad.  Tendrá que responder por cada peso, por cada centavo, que deje perder.
 

No vamos a quitarle plata a Bogotá, dice el alcalde electo de Medellín

Federico Gutiérrez señaló que solo pedirán dineros en caso de que la capital no haga el metro.

Federico Gutiérrez dice que esa plata sería para completar el sistema de transporte masivo.
Foto: Archivo particular
Federico Gutiérrez dice que esa plata sería para completar el sistema de transporte masivo.
En la mañana de este viernes, el alcalde electo de Medellín, Federico Gutiérrez, aseguró que su intención no es "quitarle plata a Bogotá" para construir otro tranvía en la capital antioqueña.
"Como colombiano también quiero el metro para Bogotá. Ayer, un periodista de EL TIEMPO me preguntó que si en caso de que Bogotá no utilizara todos los recursos (de acuerdo con rediseño), Medellín le pediría al Gobierno Nacional que ayude a financiar obras en Medellín, como tranvía de la 80. Pues claro que sí. Pero nada tiene que ver con quitarle plata a Bogotá. Hago las cosas con respeto".

Luego de que el Gobierno optara por suspender el convenio que tenía previsto adelantar con la Alcaldía Mayor de Bogotá para la estructuración financiera y la construcción de los pliegos de licitación para el metro, en Medellín se han interesado en esos recursos, en caso de que no se utilicen.

La sugerencia de suspender el convenio vino del Ministerio de Hacienda como una medida de precaución por la propuesta del alcalde electo de Bogotá, Enrique Peñalosa, de modificar la estructura de la primera línea del metro de la capital.
No obstante, esa cartera ha señalado que los recursos que prometió aportar siguen disponibles para el proyecto. Incluso, el director nacional de Planeación, Simón Gaviria, señaló que el metro es el legado que el presidente Juan Manuel Santos quiere dejarle a Bogotá.

Federico Gutiérrez, alcalde electo de Medellín, aseguró que solicitaría parte de los 9,6 billones de pesos que asignó el Ejecutivo para construir la primera línea del metro de Bogotá y que no están garantizados en vista de que aún no se ha firmado el documento Conpes (del Consejo Nacional de Política Económica y Social) que formaliza la entrega de los recursos.
“Por supuesto que sí, es que todos los recursos que nosotros podamos aterrizar del Gobierno Nacional en Medellín son muy importantes para nosotros. Por supuesto que lo haremos (solicitar esos recursos). Pedir que muchos de esos recursos aterricen en Medellín hará parte de la agenda que tenemos con el Gobierno Nacional”, aseguró Gutiérrez.

Según el alcalde electo, la capital de Antioquia podría pedir parte de los recursos que quedaron estancados para el metro de Bogotá para financiar el tranvía por la carrera 80 (al occidente de Medellín), que costaría cerca de 2,4 billones de pesos, y el cable aéreo de El Picacho (noroccidente de la ciudad), al que le hacen falta cerca de 80.000 millones de pesos.
A lo dicho por Gutiérrez se suma que el alcalde saliente, Aníbal Gaviría, contó que Mauricio Cárdenas, ministro de Hacienda, se había comprometido hace un mes a responderle a Medellín si aportarían o no a la construcción del cable. La respuesta, que debió tardar una semana, nunca llegó.

“Yo en realidad estoy sorprendido con el silencio del ministro, no nos ha respondido nada y ese era un compromiso que se había establecido previamente. Nosotros seguiremos esperando hasta el último día para que cumplan su palabra”, aseguró el Gaviria.
Ahora, con el anuncio de la suspensión temporal del metro de Bogotá y la falta del documento Conpes, Medellín acelerará desarrollar su segunda línea del tranvía y completar el presupuesto del cable El Picacho. Hasta ahora, las extensiones que ha tenido la línea A del Metro, como los tres cables aéreos que tiene la ciudad, otros dos en construcción y el recién inaugurado Tranvía de Ayacucho, se construyeron en su totalidad con presupuestos de las administraciones locales y departamentales.

“No solo es posible el aporte del Gobierno Nacional, sino que es su obligación con Medellín. El tranvía de la 80 es un gran proyecto. Ese será uno de los temas que discutiremos con el presidente, con sus ministros. Yo insistiré mucho para obtener recursos con la Ley de Metros para el tranvía de la 80 y para el metrocable de El Picacho, con el que el Gobierno se había comprometido ya con 80.000 millones de pesos”, ratificó Gutiérrez.

El alcalde electo de Medellín agregó que “lo importante es que exista la voluntad, las ganas y el ánimo de cooperación” con Medellín, que de acuerdo con la Ley de Metros, debería recibir del Gobierno entre el 40 y el 70 por ciento del presupuesto para los proyectos de movilidad que tiene planteados la capital de Antioquia.


miércoles, 28 de octubre de 2015

Las promesas que Enrique Peñalosa deberá cumplir en su administración

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Ciclistas, peatones, niños y el espacio urbano, entre lo que propuso el nuevo Alcalde de la ciudad.

Enrique Peñalosa, alcalde de Bogotá.
Foto: Archivo ELTIEMPO Enrique Peñalosa, alcalde de Bogotá.
Enrique Peñalosa Londoño, alcalde electo de Bogotá, le apostará a la calidad urbana y ambiental para mejorar la ciudad, según lo prometió durante su campaña.

Las prioridades en su programa de gobierno las tendrán, según lo prometió, los niños, jóvenes, usuarios del transporte público, ciclistas y peatones. Uno de los grandes ejes de su administración será poner al día a la capital en vías, transporte y espacio público.

1. Transporte sostenible
- Primera línea del metro. Promete una solución técnica que permita mayor celeridad en la obra, combinando tramos elevados y subterráneos, lo cual, para él es la opción más amigable, económica y rápida para realizar este nuevo medio de transporte. Además, propuso extenderlo hasta Mosquera, como alternativa de movilidad a la calle 13.
- Segunda generación de TransMilenio. Propuso la construcción de las troncales en la avenida Boyacá, la carrera 7.ª, y la calle 100-avenida 68 hasta la Autosur.
- Consolidación Sistema Integrado de Transporte. Prometió más carriles preferenciales para transporte masivo y patio-talleres para buses.
- Infraestructura para peatones y ciclistas. Buscará el aumento del uso de la bicicleta en la ciudad, del 6 al 15 por ciento; la construcción de aceras, senderos y alamedas para peatones y ciclistas en las vías, los entornos de los colegios y a lo largo de ríos, quebradas y canales.
- Creará una dirección de la bicicleta para promover este medio alternativo de transporte.
- Promoción de la responsabilidad de y con los motociclistas para reducir accidentes, y de los taxistas.
- Creación de la Agencia Distrital de Asociaciones Público-Privadas.
- Nuevas vías: construcción de la ALO y ampliación de: NQS, Caracas, 127, 170, calle 63 y Américas, entre otras.
- Promoverá la cultura ciudadana de la movilidad.

2. Educación y salud
- Educación, cultura y recreación serán ejes de las acciones para jóvenes y niños en la ciudad. Propone construir centros para el aprendizaje en artes y deportes, como complemento en colegios y jardines.
- Construirá 10 megacentros con piscinas, gimnasios, canchas de fútbol y espacios para actividades como música, danza y diferentes oficios.
- Acciones para aumentar a 35.000 cupos la educación superior, programas de trabajo y educación técnica y tecnológica, y financiación para educación superior en estratos 1 y 2.
- En salud, se crearán al menos 20 centros de atención prioritaria en salud (CAPS), con el propósito de agilizar la atención de los usuarios y evitar las filas, y se creará la Central de Urgencias del Sur (CEUS).
- Promete un equipo especializado en administración y finanzas de hospitales, que deberá adelantar el proceso de acreditación en calidad hospitalaria.

3. Economía, empleo, vivienda y productividad
- En el tema de vivienda, Peñalosa promete el uso de la empresa Metrovivienda para generar suelo y promover la construcción de vivienda en la ciudad.
- Con la empresa de Renovación Urbana, propuso intervenciones puntuales de renovación, consolidando barrios tradicionales y recuperando zonas deterioradas de la ciudad.
- Apoyo a la microempresa. En productividad, propuso apoyar y promover las acciones de modistas, tenderos, fabricantes de zapatos, carpinteros, mecánicos, productores de alimentos, ornamentadores, droguistas, panaderos, esteticistas y otras actividades y oficios para fortalecer sus acciones productivas y ayudarles a garantizar ingresos sostenibles.
- Propuso una política pública de empleo para atraer capitales e inversión permanente de compañías extranjeras para ofrecer empleo y establecer vínculos con empresas locales.
- Anunció acceso de la población en situación de discapacidad a los programas de formación para el trabajo, productividad, empleo y acceso al crédito y a los programas de vivienda.

4. Espacios públicos y verdes
- En materia ambiental, comenzará la creación de un circuito público ecológico que incluye un sendero en los cerros orientales que empata con la Ciudad del Río Bogotá, que sería otro sendero ecológico con espacios para la bicicleta y los peatones. Propuso la construcción de parques lineales en los bordes de los ríos Fucha, Tunjuelo, San Cristóbal y Salitre. Y un teleférico de Usaquén al parque del embalse de San Rafael.
- Se construirán parques en la parte norte del Simón Bolívar, en Gibraltar (Kennedy), en La Isla (Bosa), en Fontanar del Río (Suba) y en Ciudadela Colsubsidio (Engativá). Su compromiso incluye la recuperación de los parques de barrio que se han convertido en zonas deterioradas por falta de mantenimiento y han sido tomados por vendedores, consumidores de droga y delincuencia. Se instalarán cámaras de seguridad.
- Planeó el relanzamiento de la ciclovía, mejorando la conectividad y ampliando la red actual.

5. Seguridad y convivencia
- Su propuesta de seguridad incluyó prevención, reacción, fortalecimiento en tecnología y cultura ciudadana.
- Se comprometió con intervenciones focalizadas para evitar que los jóvenes caigan en redes delictivas y para mejorar los entornos urbanos, afectados por desorden, escombros, basuras, falta de iluminación y grafitis en zonas prohibidas.
- El tema tecnológico se enfocará en la instalación de cámaras de vigilancia de alta tecnología para mejorar el trabajo de la Policía contra bandas de microtráfico, robo de celulares y otras actividades para reducir delitos como el hurto a personas y el homicidio. Se anuncian aplicaciones electrónicas para facilitar la denuncia de los ciudadanos.
- También habrá entrenamiento de policías para fortalecer su trabajo, hacer equipo con la Fiscalía para reducir la impunidad en la ciudad y revivir el Observatorio de Cultura Ciudadana.
- Se creará la Secretaria de Seguridad y Convivencia, como dependencia de la Alcaldía Mayor de Bogotá y responsable política y administrativa del tema.

EL TIEMPO

sábado, 24 de octubre de 2015

        Vote por él si quiere, pero sepa bien a que vino.

PEÑALOSA: LA ESTRATEGIA DEL CULEBRERO



Aunque todas las campañas políticas se diseñan para vender esperanza, hay unas que van más allá, venden también humo de colores, cuidadosamente empacado, como los culebreros de antaño, capaces de venderle a su incauta clientela cajitas de lata con un menjurje oloroso que curaba el reumatismo, el dolor de muelas, la falta de plata y las penas de amor, todo al tiempo, por solo 500 pesitos. O por un votico, como ahora.

Para hacer más dramática e impactante la presentación, el culebrero siempre tenía un secretario y, obvio, una culebra, que sacaba de su escondite en el momento preciso para asustar más a su distinguida clientela, ya aterrada con las calamidades apocalípticas que solo su mágica pomada podía evitar. Ahí es cuando entraba en escena el secretario, gorra en mano, con la misión, además de contribuir al ruidaje y la narración de supuestos milagros, de no dejar escapar a nadie sin la maravillosa pomada, un secreto celosamente guardado por los indígenas amazónicos, según decía, que solo a él le fue entregado, con la única condición de hacerle el bien a la humanidad sin esperar nada a cambio. Toda contribución es voluntaria, pero recuerden que Dios premia la generosidad y castiga la tacañería. Eso si, ni se le ocurra usar de la otra  pomada, porque con solo destaparla le caen las siete plagas, el carranchil, la impotencia, la mala suerte y la pobreza. Y recuerde, querido amigo, que cuando la pobreza entra por la puerta el amor huye por la ventana. Secretario, atiéndame al señor, a la señora, a la niña… quien dijo yo, una por aquí, otra por allá…  

 
Así funciona la campaña de Peñalosa: vendiendo soluciones mágicas e irrealizables para curar los dolores sociales, solo que en lugar de cajitas con pomada vende videos de muñequitos en los que se él presenta como salvador de la especie humana, o de los bogotanos, al menos de los que cometieron la burrada de untarse de la otra pomada. Tiene un secretario que despacha desde Nueva York, otro par en Bogotá, y varias culebras que saca del costal según la ocasión y el cliente. Y, como el culebrero, es experto en camuflar sus verdaderas intenciones. Recuperar a Bogotá es su objetivo prioritario. Lo que no dice es que se trata de recuperar las grandes obras de infraestructura, que son un negocio billonario; no pueden quedar en manos de gente que no sabe nada de urbanismo ni de gerencia. El que sabe es él, el único, por eso lo llaman a cada rato de Paris, Washington, Londres o New York. 

 Va a descontaminar, dice, el río Bogotá y a construir unos bordes y un malecón, de cemento, claro, de 100 kilómetros, que va desde Soacha hasta Chía, donde los ciudadanos se encuentren y puedan caminar tomados de las manos, sin la presencia de los asquerosos vendedores ambulantes que tanto afean el paisaje, como en Paris, Washington, Londres o New York, o sea…  Y lo mejor: tanta belleza, como la pomada del culebrero, también es mágica y gratis, o casi: el proyecto se financiará solo, porque se van a utilizar tierras que hoy tienen poco valor. Hoy. Y también tienen dueños con ganas de encarecerlas, aunque asegura que el incremento del precio, porque van a ser tierras muy valiosas, será para el gobierno, que es donde están los caciques de las finanzas y la gente con acceso a información privilegiada, la tribu financiera que lo nombró depositario de los grandes secretos de su pomada, que no ahorrará esfuerzos ni encuestas para ponerlo ahí, donde lo necesitan. Mosquera y sus tierras están en la mira.

El metro elevado, ese adefesio ruidoso y carísimo que obstruye la vista y no permitía la paz y el amor entre los bogotanos, de la noche a la mañana resultó siendo la solución ideal. Ahora son los pasajeros, no sé cuántos por hora/sentido, los que van a disfrutar de una vista maravillosa, con mucha gente sonriente, como en Paris, Washington, Londres o New York, pero solo en caso de que se utilice la pomada que él vende. 

Promete una ciudad tranquila, sin ruido ni contaminación, que se mueva en transporte público y bicicleta, es decir, el infeliz poseedor de un carro, aunque sea su medio de subsistencia, se va a ver sometido a una cacería tan implacable o peor que la desatada durante su alcaldía y que lo tuvo al borde de la revocatoria. El genio urbanista no cayó en cuenta de que al prohibir la circulación de vehículos sin darle a los automovilistas la opción de un transporte público digno, eficiente y a un precio razonable, se iba a duplicar el número de carros y multiplicar muchas veces el de motos, con su secuela de accidentalidad e inmovilidad. Pero, como sucedió con la pomada del relleno fluido, el único que pagó fue el secretario. Él no toma decisiones técnicas. Que tal? 

El espacio público, el de todos, también se va a recuperar, ¡que asco esos vendedores ambulantes! no importa si le toca, otra vez, sacarlos a patadas, aunque la única opción que tienen para alimentar a su familia sea vender mercancías en las aceras. Que se dediquen a otra cosa, donde no se vean. A robar o a prostituirse, por ejemplo, porque para él la ciudad está antes que los ciudadanos. La apariencia antes que la gente. La basura debajo de la alfombra para que nos parezcamos a Paris, Washington, Londres o New York.

Vote por quien quiera, amigo lector, pero si va a hacerlo por Peñalosa, piense por un momento si la cajita de colores que le vende tiene la solución que usted, su familia y esta ciudad necesitan. Si la invitación a soñar juntos no terminará en pesadilla. Si un videíto de los de Alicia en el país de las maravillas es suficiente para darle su voto. No crea en encuestas prefabricadas. Entérese de las propuestas, revise antecedentes y vote por quien su razón le indique, pero sin dejarse manipular. Y no olvide que gane quien gane, el lunes tendrá que madrugar a trabajar, si es que tiene empleo.

Fernando Márquez